
Aunque fue el Alavés Félix María de Samaniego (1745 - 1801) quien lo popularizó en una de sus fábulas, este dicho, tan conocido procede de un cuento anónimo mucho más antiguo, De los mures con el gato, que aparece en la colección de cuentos satíricos del XIV titulada Libro de los gatos. Lope de Vega (1562 - 1635) también versifica el tema en su obra La esclva de su galán. Samaniego, en su fábula El congreso de los ratones, cuenta que los ratones se reunieron en Ratópolis para ver cómo se librarían del malvado Miauragato, que no los dejaba vivir en paz:
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esta suerte
al ruido ecaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno.
¿Quien lo ha de ejecutar? Eso ninguno.
"Yo soy corto de vista". "Y yo muy viejo".
"Yo, gotoso", decían. El consejo
se acabó como muchos en el mundo.
En su Tesoro... (1611), Covarrubias cuenta, a propósito de la palabra gato: "Hay algunos que dan consejos impertinentes contra los que son más poderosos, que no les darán lugar a que los ejecuten".
Como ya nos dijo Covarrubias, se emplea cuando alguién propone soluciones perfectas para una empresa o un problema urgente y comprometido; pero que ni el que lo propone ni nadie es capaz de llevar a cabo por el riesgo o peligro que conllevan.
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